domingo, 5 de noviembre de 2017

Sobre poesía y de ser una misma

Creo, y lo digo siempre, que no hay nada más difícil que llegar a aceptarse uno mismo. Considero que es el final de un largo proceso lleno de visicitudes, de preguntas  a veces con respuestas que nos sorprenden, o que, simplemente, nos abren más incógnitas.

En mi caso el camino ha sido siempre costoso, en esa necesidad que una persona bastante compleja como yo tiene de simplificar su vida. No es fácil cuando en todo lo que haces te implicas hasta el túetano.

Por eso el que la `poesía se cruzara en mi camino fue, sin lugar a dudas, la manera de dar salida  y sobre todo cauce a las emociones que día a día surgían de mi interior y que me ayudaba a conocerme y reconocerme a través de las palabras. Poemas que hablaban, que sonreían o que lloraban al mismo tiempo que lo hacía yo; poemas que guardaban secretos aireados en metáforas e imágenes que querían decir sin decir porque les era imposible seguir callados.Me di cuenta entonces de que escribía poesía porque la vida, esa vida convencional que me habían dicho que era la correcta, se me estaba quedando corta y que los versos me daban alas para ensancharla.Pero, y para mi sorpresa, no solo para mí tenían significado mis palabras, sino también a quienes vivían momentos y experiencias semejantes a los míos y que nadaban entre ellas sumergiéndose hasta el fondo para encontrarnos.

En mi segundo poemario Los poemas no cotizan en bolsa inicio con una pequeña reflexión: "cada día estoy más segura de que no escribo poesía, sino que es la poesía la que me está escribiendo a mí". Porque para entender esta realidad que me rodea necesito esos ojos que la poesía me presta, que me auxilia a quitar el hollín, a despojarla de la mediocridad para intentar ver más allá de lo que no es otra cosa que lo "correcto". La poesía, pues, me ayuda a encontrar la belleza que me salva cada día y me permite ser yo misma, aunque para ello, a veces, no sea comprendida.




NON SERVIAM (*)


Como el Ángel caído, con las alas partidas
arrojado del cielo a la noche perpetua
escribiendo en el barro las palabras negadas,
me contemplo
en la inobediencia de negar el camino
que ya otros me marcan.

Prefiero andar a oscuras que seguir la luz tibia
de servir a quien sirve.

Que sea la condena de no ser comprendida
por otros que señalan aquello que aborrecen:
la propia rebeldía de querer ser yo misma.

(Del poemario Los poemas no cotizan en bolsa. Ediciones Vitruvio, 2017)
Próxima presentación 8 de noviembre 2017.





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