sábado, 24 de septiembre de 2016

Carta abierta a una persona infeliz

Mi querida persona infeliz:

Permíteme que este último domingo de septiembre, en las puertas del veranillo del membrillo (o de San Miguel para los creyentes) te dedique esta entrada de mi blog desde el cariño y la amistad.



Hoy te quiero dirigir unas palabras, no para insuflar alegría ni felicidad a tu vida, sino simplemente para preguntarte si te merece la pena estar lamiéndote persistentemente las heridas en público, encogida ante el día a día y llenando de preocupación a los que te rodean. No solo lo digo por mí, que también- convendrás conmigo que no es agradable estar escuchando frases demoledoras y que te ponen el ombligo en la garganta-, sino fundamentalmente por ti.

Ya, ya sé que me dirás que tu vida es el rigor de las desdichas, que no ves sentido a tu existencia y que tienes todo el derecho a quejarte, y, puedes rematar,  que si a mí no me gusta que le ponga un lazo. De acuerdo. Pero a fuer de ser sinceros hay quien lo tiene bastante peor que tú y no se dedica a rasgarse persistentemente las vestiduras y cubrirse la cabeza con ceniza, tal vez porque el tiempo que tiene lo ha de dedicar a sobrevivir y porque sus carencias son básicas.

Déjame que te cuente una historia:  hace siglos una persona fue encerrada por la Inquisición en una jaula en la que no podía estar ni sentado, ni de pie, ni tumbado. Las perspectivas no podrían ser menos halagüeñas pero... Vivió dieciséis años contra todo pronóstico. La conclusión: sus ganas de vivir vencieron al tremendo suplicio.

Vivir no es fácil, desde luego. Por el contrario es el mayor reto al que se enfrenta el ser humano. Es un logro diario sorteando enfermedades, frustraciones, pérdidas de los seres queridos, desamores, etc. Pero también hay momentos, a veces pequeños, en los que poder recrearnos en el placer de una conversación, de un paseo, de una felicitación por algo bien hecho, con una caricia, con un beso. Clavos ardiendo a los que nos agarramos para no caer en el abismo del tedio y la cotidianeidad.

Mi querida persona infeliz: no creas que los que parecemos a tus ojos vivir en un anuncio de mi pequeño pony no tenemos nuestros momentos oscuros. Lo que ocurre es que no solemos mostrar las llagas y preferimos ver la botella medio llena, por aquello de no amargarnos la vida. También porque hace tiempo que hemos entendido que nadie va a alfombrarnos el suelo con rosas y a invitarnos a desayunar con diamantes.

La felicidad no es tener salud, ni amor, ni dinero, ni siquiera las tres cosas juntas, aunque estas alturas de mi vida sigo sin saber, exactamente, qué es la felicidad. Lo que sí se es lo que no es: ahondar un día tras otro en el sufrimiento, propio o ajeno -como si echar sal en la herida fuera la única manera de que los demás nos quieran- quejarnos, lamentarnos y, sobre todo, creer que somos únicos en nuestro penar.

En fin, mi querida persona infeliz, no sé si mis palabras te calarán más allá de esa coraza de persona desdichada que has decidido ser, pero hoy sentía la necesidad de dedicarte esta carta.


Tuya afectísima...

sábado, 17 de septiembre de 2016

¿Renuncia al sexo?

Me llega mientras desayuno desde el muro de mi amigo Carlos del B. Iglesias, bloguero atractivo e ingenioso, autor de la original novela "La sonrisa del melón" (un poquito de publicidad, que está promocionando su novela) una noticia que habla de que más de un millón de personas en España son vírgenes sexualmente (lo aclaro, aunque parezca redundancia, porque hay más que lo son intelectualmente), algunos a la espera del tálamo nupcial, en el que sueñan con la también pureza de su cónyuge; otros porque no tienen en absoluto interés por el sexo, incluso demostrando cierta repugnancia por él. Aunque no es lo mismo el que practica la abstinencia al que se declara asexual, la verdad es que en ambos casos el resultado es la renuncia al sexo.


Siendo respetuosa con todas las opciones respecto a loys asuntos "íntimos", la situación no deja de sorprenderme. Tanto como la de quienes ven en el sexo un recurso para soportar la vida y se van tirando a todo lo que se mueve. Ambas cosas me chirrían un poco.

Porque aún estando de acuerdo con ciertas apreciaciones -el mismo Nietzche dijo que "el sexo era una trampa que pone la naturaleza para no extinguirse"-no cabe duda de que es bastante "agradable" su práctica en la mayoría de las ocasiones (no voy a entrar en la habilidad de los practicantes) , más allá de seguir el mero instinto de la perpetuación de la especie.


Epítetos como asqueroso, irracional o animal que he podido leer en dicho reportaje atribuidos a las prácticas sexuales me hace reafirmarme en que algunos siguen ciñendo la sexualidad al pequeño ámbito de los genitales, lo que, sinceramente, lo convierte en algo de muy cortas miras.Tampoco entiendo que haya que esperar a firmar un contrato para que con ese requisito legal ya uno admita la lujuria y abandone definitivamente las duchas frías.

Bastante tiene el ser humano con que la propia naturaleza, otrora aliada en esas lides, decida con el paso del tiempo retirarnos las fuerza, aunque a veces nos deje las ganas, para que, además, le pongamos nosotros zancadillas.

Sed felices.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Pensando, pensando IX




 Mientras empieza el día pienso y, entonces, saludo a mis amigos de Facebook con estas pildorillas.

 
Cada vez me alejo más de quienes pudiendo ver no miran, pudiendo oír no escuchan, y pudiendo saber prefieren la engañosa comodidad de la ignorancia.

Escucho una conversación entre mis perros: "a veces es muy difícil encontrar justificación a las actuaciones de los seres humanos. Luego dicen que nosotros somos los irracionales".

Las alabanzas inmerecidas hacen más daño que la peor de las críticas:crean falsas espectativas e impiden mejorar.

Dedicamos toda nuestra vida en buscar la felicidad sin saber ni siquiera qué es lo que nos hace felices. Como empezar la casa por el tejado.

El amor es capaz de navegar en las aguas turbulentas de las discrepancias, pero se hunde como el plomo en las aguas mansas del aburrimiento.

Todo amor significa ganar y todo amor significa perder. Cuanto mayor sea el equilibrio más se alargará en el tiempo.

No hay cumbre ni abismo profundo que produzca más vértigo que el instante previo a alcanzar lo deseado.

El que todo lo quiere acabará por no tener nada porque nada de lo que tenga le será suficiente.

Tan culpable como el que lo causa es quien pudiendo evitar un mal, con su acción o su palabra, no lo evita.

Amo la pintura y por eso escribo poesía. Quiero que mis poemas sean cuadros que se puedan disfrutar con los ojos cerrados.

Sed felices.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Palomas

Como en una pesadilla guionizada y dirigida por Hitchcock en mi vida se han instalado unos pajarracos que me hacen el día a día imposible. No sé en qué momento llegaron ni cómo han ido tomado posiciones hasta acaparar tanto espacio vital, pero me tienen más allá de la peineta. Son en mi barrio una auténtica plaga.

Hoy he vuelto a coger el coche que tuve que aparcar, por imposibilidad de hacerlo en otra ubicación, justo debajo de un árbol. Los caireles de palominos que me encontrando churreteando toda la carrocería, que ha corroído en algunos sitios, una vez más  han sumado puntos a este odio visceral que ha ido creciendo dentro de mi hacia esas colúmbides.

Estas aves siempre han tenido buen predicamente. No en vano una de ellas  fue la elegida para traer la rama de olivo a Noé, signo de que las aguas se habían retirado tras los cuarenta días y las cuarenta noches de aguacero ( abro paréntesis para decir que ójala viniera ahora otro diluvio con este calor, cierro paréntesis), y de que la humanidad tendría otra oportunidad ypasando así esta iconografía a ser símbolo de la paz. Posteriormente, y en una carrera profesional meteórica, que ya quisieran muchos políticos, pasó a ser el símbolo de la tercera persona de la Santísima trinidad, apareciendo en variados e inspirados episodios evangélicos. Y qué decir de la castiza Virgen de la Paloma, tan querida por los madrileños ye cuyo honor muchas niñas y mujeres llevan el nombre de esta ave.

Pero a pesar de estos antecedentes y de su simbología tan áurea bajo mi punto de vista  no dejan de ser indeseables, y cada día más. Ahora, mientras os escribo, mis queridos lectores, hay una posada en el árbol frente a mí, mirándome desafiante a sabiendas que está ganando la partida: no hay forma de acabar con este tema. Incluso ha habido quienes a oír mi queja (argumentando yo también que son transmisoras de enfermedades) han llegado a decirme "que no tenga coche", que las palomas tienen derecho a cagar donde quieran.

En fin, esta tarde iré de nuevo a lavar el coche, la segunda vez en lo que va de mes. Al final no hay mal que por bien no venga a algunos, porque los lavaderos, gracias a estas alimañas, están haciendo su agosto los doce meses del año...

Sed felices.

martes, 30 de agosto de 2016

"Síndrome postvacacional"

Concluyendo el mes de agosto, mes que parece cerrar el verano, aunque todavía nos quedan unos veinte días de esta estación, en breve oiremos hablar, de nuevo, como todos los años, del síndrome posvacacional. Esta situación se define como el  estado que se produce en el trabajador al fracasar el proceso de adaptación entre un periodo de vacaciones y de ocio con la vuelta a la vida activa, ocasionando molestias que nos hacen responder a nuestras actividades rutinarias con un menor rendimiento.

Vamos, lo que  viene siendo el fastidio que produce dejar de estar todo el día rascándote la barriga, comiendo paellas en el chiringuito o leyendo a la sombra de un árbol. Algo normal desde que el mundo es mundo, pues ya desde la Biblia se señala el trabajo como un castigo.

Vivimos en una sociedad de estiquetas y de estridencias en la que , para romper la monotonía de un día a día basado en la adquisición de meros bienes materiales, hay que buscar una causa patológica a algo que es completamente natural pero que convertirmos en agustia vital.

Que haga calor en Sevilla en verano, o que en Alicante las playas estén llenas es algo que recuerdan los más viejos del lugar y sin embargo se hace noticia convirtiendo lo banal en extraordinario. Al final también lo extraordinario se acaba convirtiendo en algo camuflado entre tantas obviedades y pasando totalmente desapercibido.

En fin, mis queridos lectores,  en toda esta vorágine de manipulación no es de extrañar que la "cosa" política funcione como funcione. Hemos perdido el sentido de la proporción, de lo que importa y de lo que no., envolviendo en grandilocuencia aquello que no deja de ser algo cotidiano, y dejando pasar lo que en realidad importa.

¿Habrá con el tiempo algo parecido al síndrome de Rajoy para señalar a quien con la mayor cara dura del mundo se desliga de su responsabilidad y se la pasa a quien no la tiene?

Sed felices y buscad ilusiones, que es mejor remedio para afrontar la vuelta de vacaciones.





domingo, 21 de agosto de 2016

Sudores, picaduras, botijos y extraterrestres.

Soy una persona que tiene poca tolerancia al calor. Se podría decir que, salvando aquellos aspectos incuestionables que hacen al verano apetecible, como son las vacaciones o la posibilidad de hacer vida en la calle, prefiero las estaciones frescas. Y si al calor le sumamos la presencia de esos insufrilbles insectos que son los mosquitos, pues ya apaga y vete.

En este momento en el que os estoy escribiendo, las gotas de sudor corren por mi frente y mi espalda gracias a la humedad que en las primeras horas del día suele impregnar el ambiente a la orilla del mar en Levante. Es fantástico comprobar el efecto "botijo", que hace que la capilaridad se abra y rezume como ese gracioso y popular recipiente. Y, también, mientras las palabras brotan del teclado tengo que reprimirme las ganas de rascarme las variadas picaduras que cubren mi bronceada piel, lo que hace que queden bastante disimuladas, pero haberlas, hailas.

Este año me había pertrechado contra esos infames engendros diabólicos como un marine: pulseras, lociones, enchufes, aerosoles... Pero como el que tiene tos y se rasca la barriga. Creo que la naturaleza mosquiteril ha desarrollado una tecnología capaz de neutralizar todas las invenciones humanas. Y eso, mis queridos lectores, abunda en mi teoría de que los mosquitos son extraterrestres reducidos por un rayo reductor, valga la redundancia, que nos van sometiendo a base de picores, preparando una futura invasión. No hace falta más que ver a los veraneantes en bañador y llenos de ronchas rojizas.

Ironías a parte , voy terminando esta entrada agosteña. No quiero daros la vara con mis penurias porque realmente son muy bien compensadas con el baño en el mar que me daré dentro de un momento, los paseos por la playa, los arroces ricos, ricos, los mojitos nocturnos y, sobre todo, por la posibilidad de disfrutar una año más del verano, a pesar de todo....

Sed felices!!!


domingo, 14 de agosto de 2016

Amor de verano

Siempre el verano es una estación propicia para el amor. Aunque sean esos efímeros e intensos que duran lo que duran las vacaciones. Esos que enmarcan la adolescencia  y que se vuelven inolvidables.

Ella todavía recuerda aquel verano del 76 y aquel sentimiento nacido entre la blancura de la arena y el azul del mar. Y todavía le recuerda a él. Se le viene a la memoria la tarde en que la esperó a la puerta del cine al que había ido con sus hermanos. Apoyado en un coche blanco, con la piel morena, con los ojos de un verde tan brillante que casi deslumbraba: "un celta puro", decía su madre. Vuelve a ver su sonrisa,  rememora el tacto de sus manos y le llega de nuevo el eco de sus palabras que se enredaban en un acento suave y cadencioso, como la brisa de la ría.

Evoca la romería a la que le invitó, previo petición de permiso al padre, los bailes en medio del bosque gallego, lleno de misterio y con la música de las gaitas resonando, como en una novela de Fernández Florez.
Y no olvida ese primer beso en la penumbra de la discoteca que tenía el nombre de una canción de Roberto Carlos: El gato azul.

Los amores de verano, los primeros amores no se olvidan. No suelen ser los definitivos, ni tan siquiera suelen dejar mella en el corazón, pero sí en la memoria, que recuerda esas sensaciones de otras épocas.

"A veces, piensa ella, qué poco conscientes somos de quienes han pasado por nuestra vida y han ido construyendo lo que ahora somos, lo que  ahora pensamos, lo que ahora sentimos. Personas que son como esos amores de verano, breves, pero cuya vivencia es de una gran intensidad y los hace imborrables incluso cuando ya no hay forma de volver a encontrarlos".

Adolfo, se llamaba Adolfo. Era alto, rubio, con ojos verdes, y sus besos sabían a chicle de menta...

Sed felices.