domingo, 21 de agosto de 2016

Sudores, picaduras, botijos y extraterrestres.

Soy una persona que tiene poca tolerancia al calor. Se podría decir que, salvando aquellos aspectos incuestionables que hacen al verano apetecible, como son las vacaciones o la posibilidad de hacer vida en la calle, prefiero las estaciones frescas. Y si al calor le sumamos la presencia de esos insufrilbles insectos que son los mosquitos, pues ya apaga y vete.

En este momento en el que os estoy escribiendo, las gotas de sudor corren por mi frente y mi espalda gracias a la humedad que en las primeras horas del día suele impregnar el ambiente a la orilla del mar en Levante. Es fantástico comprobar el efecto "botijo", que hace que la capilaridad se abra y rezume como ese gracioso y popular recipiente. Y, también, mientras las palabras brotan del teclado tengo que reprimirme las ganas de rascarme las variadas picaduras que cubren mi bronceada piel, lo que hace que queden bastante disimuladas, pero haberlas, hailas.

Este año me había pertrechado contra esos infames engendros diabólicos como un marine: pulseras, lociones, enchufes, aerosoles... Pero como el que tiene tos y se rasca la barriga. Creo que la naturaleza mosquiteril ha desarrollado una tecnología capaz de neutralizar todas las invenciones humanas. Y eso, mis queridos lectores, abunda en mi teoría de que los mosquitos son extraterrestres reducidos por un rayo reductor, valga la redundancia, que nos van sometiendo a base de picores, preparando una futura invasión. No hace falta más que ver a los veraneantes en bañador y llenos de ronchas rojizas.

Ironías a parte , voy terminando esta entrada agosteña. No quiero daros la vara con mis penurias porque realmente son muy bien compensadas con el baño en el mar que me daré dentro de un momento, los paseos por la playa, los arroces ricos, ricos, los mojitos nocturnos y, sobre todo, por la posibilidad de disfrutar una año más del verano, a pesar de todo....

Sed felices!!!


domingo, 14 de agosto de 2016

Amor de verano

Siempre el verano es una estación propicia para el amor. Aunque sean esos efímeros e intensos que duran lo que duran las vacaciones. Esos que enmarcan la adolescencia  y que se vuelven inolvidables.

Ella todavía recuerda aquel verano del 76 y aquel sentimiento nacido entre la blancura de la arena y el azul del mar. Y todavía le recuerda a él. Se le viene a la memoria la tarde en que la esperó a la puerta del cine al que había ido con sus hermanos. Apoyado en un coche blanco, con la piel morena, con los ojos de un verde tan brillante que casi deslumbraba: "un celta puro", decía su madre. Vuelve a ver su sonrisa,  rememora el tacto de sus manos y le llega de nuevo el eco de sus palabras que se enredaban en un acento suave y cadencioso, como la brisa de la ría.

Evoca la romería a la que le invitó, previo petición de permiso al padre, los bailes en medio del bosque gallego, lleno de misterio y con la música de las gaitas resonando, como en una novela de Fernández Florez.
Y no olvida ese primer beso en la penumbra de la discoteca que tenía el nombre de una canción de Roberto Carlos: El gato azul.

Los amores de verano, los primeros amores no se olvidan. No suelen ser los definitivos, ni tan siquiera suelen dejar mella en el corazón, pero sí en la memoria, que recuerda esas sensaciones de otras épocas.

"A veces, piensa ella, qué poco conscientes somos de quienes han pasado por nuestra vida y han ido construyendo lo que ahora somos, lo que  ahora pensamos, lo que ahora sentimos. Personas que son como esos amores de verano, breves, pero cuya vivencia es de una gran intensidad y los hace imborrables incluso cuando ya no hay forma de volver a encontrarlos".

Adolfo, se llamaba Adolfo. Era alto, rubio, con ojos verdes, y sus besos sabían a chicle de menta...

Sed felices.


domingo, 7 de agosto de 2016

El libro de un sueño de verano

Transcurrida ya la primera semana de vacaciones con paseos a la orilla del mar, largas siestas, algo de literatura y lectura. Porque esta época es propicia para leer aquellos libros que he ido dejando apartados durante el año, más ocupada en los míos propios que en los ajenos. Llegadas estas fechas es un placer abrir las páginas de esos libros que pacientes me esperaban y comenzar a leer.

He de decir que soy una lectora muy ecléctica. No suelo ser remilgada a la hora de seleccionar los libros. Me gustan todos los que estén bien escritos, independientemente del género, si bien es cierto que, al igual que me ocurre como escritora, tiendo más a las histprias de misterio.

Muchos de mis mejores recuerdos están relacionados con el verano y los libros. De pequeña no me gustaba, como a casi ningún niño ,echarme la siesta, momento del día sagrado en toda familia española que se precie. Era la ocasión en que, con la habitación casi en penumbra para evitar el calor, me dedicaba a devorar, literalmente, los libros, muchos de ellos regalos de mi cumpleaños, mientras en la habitación contigua mis hermanos pequeños botaban como pelotas en las camas hasta que mi abuela les regañaba y podíamos disfrutar de un momento de paz.

Recuerdo especialmente mi quince cumpleaños. Mi padre fue a una librería y depositando una cantidad de dinero nada despreciable le dijo al librero, el cual se quedó muy asombrado, que le diera todos los libros que cupieran en ese importe. Y especificó: "son para una adolescente que se lee todo".

Cuando abrí el paquete, envuelto en papel de estraza y atado con una cuerda de pita, aparecieron el Ulises de Joyce, La divina comedia de Dante, Los papeles del Club Pickwick de Dickens, La tormenta de Shakespeare, El lazarillo de Tormes, La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela, Nada de Carmen Laforet... Los leí todos en ese verano de adolescencia, mientras escuchaba una y otra vez "Let it be" de los Beatles.

Aún los conservo junto con la tarjeta de la dedicatoria de mi padre. Él ya no está, pero de alguna manera, cada vez que ojeo esos libros de aquel verano , cuyas páginas amarillean ya en los bordes, recuerdo las siestas de antaño, las risas de mis hermanos, y las historias que me hacían soñar con ser un día escritora.
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Sed felices...

sábado, 30 de julio de 2016

Amistad enredada

Tras una noche de mucho calor, nada extraño en un Madrid y en el mes de julio, me siento una vez más a escribir una nueva entrada en este blog.

He de reconocer que no lo hago con el entusiasmo de otras veces, quizá porque el poco descansar y el mucho sudar- rezumo lo mismo que un botijo- me hayan deshidratado un tanto las neuronas y, es cierto, me cuesta pensar. Pero no puedo faltar a esta cita con vosotros.

En dos días me marcharé a la playa, al mar que, como siempre digo, me espera año tras año. Allí disfrutaré con mi familia de unos días de asueto e ilusión, corregida y aumentada por la llegada de Martina, mi nueva nieta. Allí espero retomar fuerza e intentar una normalidad que estoy muy, muy lejos de sentir, arrastrada a mi pesar por esta convulsión diaria que me sumerge en la injusticia, en la incoherencia y en el agotamiento.

No son buenos tiempos, lo sé, para quienes intentamos mantenernos a flote junto con nuestros principios e ideales pero, por suerte, nos tenemos los unos a los otros. Vosotros me tenéis a mí y yo os tengo a vosotros en este mundo que construimos a diario donde la palabra, el poema, el arte, la música y los valores intentan sobrevivir a tanta mezquindad y tanta mentira.

Pero, como he dicho muchas veces, ser feliz cuando hay quienes persiguen que no lo seamos, es la mejor forma de rebeldía. Por eso deseo toda la felicidad del mundo, esa que se cose a puntadas nacidas de valorar aquello que tenemos y no lo que creemos que nos falta. Hay mucho de lo que disfrutar con solo mirar y no solo ver, con solo escuchar y no solo oír. Y sobre todo alegrarnos de tener el bien más preciado: la amistad, que nace de aquello que nos une y no de lo que nos separa y que mantenemos a través del teclado en este curioso mundo de las redes sociales.

Por eso deseo con todo mi corazón encontraros a todos a mi vuelta para volver a enredarnos. Os abrazo.






lunes, 25 de julio de 2016

Cine, cine, cine, más cine por favor...

Para alguien que es una apasionada del cine poder participar en la realización de un cortometraje es una gran ilusión, ya no solo como actriz aficionada, sino, también, como persona.

Y esa ilusión tuve el placer de convetirla en realidad. El sábado 23 grabamos  El Café siempre en taza, una historia nacida de la imaginación de Antonio José López Gómez, director también,  y de la que os habla, mis querido lectores.

Lo que llama primeramente la atención es la gran organización que reina en el equipo técnico para que todo fluya sin problemas guiados por el actor principal, que es el tiempo. La verdad es que en ocasiones da hasta un poco de vértigo ver el gran esfuerzo que se lleva a cabo para que la iluminación, el sonido y el decorado, el atrezo, todo quedé correcto y que la interpretación se pueda lucir.

Confieso que cuando me llegó el turno no pude remediar sentirme un poco nerviosa, pero gracias a mis compañeras de escena Loli y Marta y a las indicaciones del director creo que salí sana y salva.

Pero como he comentado lo mejor ha sido la parte humana, La convivencia entre los miembros de los dos grupos A Rivas telón y Unicornio Teatro fue increíble, llena de cordialidad, cariño y respeto.

Bueno, y ahora a esperar a la edición del corto para disfrutar con la historia de esa peculiar cafetería.

Gracias a todos, compañeros, técnicos y la cafetería del Centro Cultural García Lorca por habernos acogido.

En cinco..... Acción.

domingo, 17 de julio de 2016

Pensando, pensando VIII


 Nueva entrega de mis reflexiones matutinas. Ya sabéis, pensando, siempre...

El problema de no tomar partido, de no implicarse, de aceptar que otros decidan, es que nunca irás sino que te llevarán. En tu mano está ser actor o simplemente espectador.

Hay muchos que son capaces de señalar los problemas; algunos indican las soluciones; pocos, muy pocos, los resuelven.

Admitimos mejor una mentira de los nuestros que una verdad ajena que nos señale que estamos equivocados.

Un verdadero líder no es el que tiene confianza en sí mismo sino el que es capaz de generar confianza en los que creen en él y orgullo de acompañarle en su camino.

Miente el que hace de la mentira su bandera, miente el que hace esa bandera suya.

No importa lo fuerte que grites si no se entienden tus palabras.

Lo único que grita más que el silencio ante la injusticia es la voz de la conciencia.

No se trata de ver pasar el tiempo ni luchar contra él: es mejor convertirlo en tu aliado y dejar que te acompañe.

Encontrar en el diferente la igualdad y en el.igual las diferencias enriquece nuestras experiencia.

La amistad muere de hambre y necesidad, sobre todo de tiempo.

Sed felices.

viernes, 8 de julio de 2016

Valor y Humanidad

Tengo la sensación de que somos capaces de tasar el precio de las cosas pero no así tanto su valor. Ya, ya sé que todos sabemos -o creemos saber- el valor de un abrazo, de la amistad, de una sonrisa, que es incalculable.
Yo me refiero al valor que tiene para algunos cosas que para otros es lo cotidiano. ¿Cuánto pan se va a la basura? ¿Cuántas luces dejamos encendidas? ¿Cuánta agua sale del grifo que se desperdicia? En estos días que el calor es sofocante  cada vez que tomo un vaso fresco  pienso en aquellos que no lo tienen y soy incapaz de abarcar en toda su magnitud lo que se puede sentir ante esa terrible carencia.

El ser humano ha sobrevivido como especie por ser la más cruel y egoísta de todas las que pueblan la Tierra.Esquilmamos, matamos, consumimos, extinguimos como si no hubiera a haber mañana. Hemos llegado a tales extremos que esquilmamos, matamos, consumimos y extinguimos hasta a los de nuestra propia especie olvidándonos del valor de algo tan fundamental como la dignidad y el valor que debe tener la vida humana.

En un enloquecedor ¡sálvese quien pueda! seguimos viendo como cada vez se exige más a los de abajo: se lo tritura, se les arrebata  lo más básico mientras que aquellos que tienen la capacidad de decidir se decantan por ellos primero, solo ellos tienen derecho a  salvarse del naufragio.

Mientras, en lo cotidiano, ya casi anestesiados por la desinformación y manipulación informativa, por el alpiste televisivo, por las consignas diluidas en el agua de la conformidad,  damos el mismo valor a la subida o bajada de la Bolsa, a la final de la Copa de Europa o a cincuenta muertos en las aguas del Mediterráneo.
No sé... Creo que la Humanidad es un valor a la baja, tan a la baja que ya en muy pocos corazones es capaz de cotizar.

Sed felices.