lunes, 23 de enero de 2017

Una extraña semana

Ayer concluí una de las semanas más extrañas de mi vida, que por otra parte demuestra que los seres humanos somos capaces de afrontar toda clase de situaciones "manteniendo el tipo".

El martes pasado murío mi tía, la última ascendiente que quedaba de la familia de mi padre.Ahora las matriarcas somos mi prima Erika y yo. Y no es asunto baladí. Ya estamos arriba de la escalera.

Mi familia se ha caracterizado siempre por que sus mujeres han sido y son ejemplos de de vivir la vida, amar a los suyos y defender su independencia. Mi tía así fue, aunque la vida le dió uno de los palos más grandes: perder a su hija apenas pasados los cincuenta.

En los últimos tiempos hablábamos poco, pero ambas sabíamos que nos queríamos mucho. Esta prisa vital que te hace ocuparte de lo urgente, pero no de lo importante nos distanció físicamente, aunque nunca en nuestro pensamiento.La última vez que hablé con ella fue la víspera de Reyes. Nos reímos como siempre-tenía un gran sentido del humor, virtud común de la familia-, y es esa conversación la que ha quedado en mí; también su risa.

Finalicé la semana en Valladolid, en la presentación de un libro que hemos publicado en Ondina. En mí pervivía todo el tiempo esa sensación de pérdida importante, pero cuando estuve a punto de dejarme llevar pensé en que mi tía siempre había alabado en mí esa capacidad de sobreponerme a las circunstancias. Y una vez más, y esta vez por ella, lo hice.

Sed felices.

sábado, 14 de enero de 2017

En Rusia pegar a una mujer al año no hace daño

Sinceramente, mis queridos lectores, los escritores de ficción cada vez lo tenemos más difícil. Lograr tramas que superen a la realidad se convierte a veces en algo costoso a la vista de situaciones como la que se ha dado en el Parlamento ruso.

Por una aplastante mayoría, solo un voto en contra,  aprobaron una propuesta en la que la violencia de género deje de ser un delito penal  para pasar a ser un delito civil. Incluso justificar que el dar una torta al año no debe de ser penado.

Hace unos días, desde este mismo blog, me dirigía a vosotros haciéndome eco de la muerte violenta a manos de su pareja de una vecina de mi municipio. Ahora, para mi estupor, me encuentro con esta noticia que, para más recochineo, me dice que la inicitiva a partido de una mujer, una parlamentaria que "no quiere que haya personas encarceladas durante dos años y etiquetadas como criminales simplemente por dar una torta". Simplemente por dar una torta... ¿Fuerte, floja? ¿Con la mano abierta, del revés? Es alucinante como se puede reducir a la mínima importancia lo que no deja de ser, se mire por donde se mire, una agresión como la copa de un pino. 

Para completar el disparate la iglesia ortodoxa apoya esta iniciativa y  justifica el castigo corporal como un derecho otorgado por Dios a los padres... ¡Ahora vas y lo cascas!

Por eso, mis queridos lectores, mi afirmación con la que abría este artículo: ¿cómo superar a la realidad cuando la realidad es tan alucinante?

Esta escritora,  que ya tiene cierta edad, no puede por menos que sentir una honda tristeza al ver como emergen por todos los confines las cabezas de una hidra que durante años pensó que habían sido bien decapitadas. Violencia, fascismos, xenofobias vuelven a hombros de supuestamente regímenes democráticos.

Nunca pensé decir esto, pero empiezo a sentir miedo...

Sed felices.



sábado, 7 de enero de 2017

Pensando, pensando XI

 Un resumen de las reflexiones con las que saludo en la redes cada mañana.


El acto mayor de valentía no es enfrentarse a monstruos, ni cruzar abismos: el mayor acto de valentía es mostrarse tal y como es uno mismo.

Un artista permite que el arte le transforme; un genio transforma el arte de tal manera que hay un antes y un después de él.

Ya no pienso en por qué escribo: ahora sólo pienso en escribir.

.Para ser escritor hay que leer: hay que hacer justicia a aquellos que nos precedieron si queremos ser leídos por aquellos que nos sucedan.

Si pudiéramos comprender que hay que perder el miedo para ser libres dejaríamos de tener miedo a la libertad.

Prefiero aprender de todos un poco que de uno solo todo; prefiero ser un prisma que un plano.

Nada daña más que las palabras, nada sana más que las palabras.

A la lluvia le da igual si cae o no a gusto de todos.

Con los años he aprendido a dudar, a poner entre signos de interrogación ciertas las certezas que antes ponía entre comillas. Con los años he aprendido que no hay verdades absolutas.

Amo tanto la vida que una sola se me queda corta: por eso escribo.

Escritor no es el que escribe, ni tan siquiera el que publica. Escritor es aquel cuyas palabras, cuyas historias al leerlas se sabe que no pueden ser de ningún otro.

Amor con miedo no es amor, solo es posesión.

La mayoría de los amores acaban antes del final.

Culpamos a los políticos de tantas cosas, pero ellos sólo siembran en un suelo ya abonado.

Aquel que rechaza los libros acabará repudiando a las personas.

¡Es tan fácil sembrar el temor y tan difícil sembrar el amor! Tal vez por eso la Historia está llena de tiranos.

lunes, 2 de enero de 2017

Matilde

No era esta la entrada que tenía preparada para hoy.

Hoy, primer lunes de enero y del año recién estrenado quería haber hablado de buenos propósitos, de lo maravilloso que ha sido celebrar el día de Año Nuevo con Martina, recién llegada a la familia,  que llenó con su pequeña presencia la comida familiar.

Pero una realidad terrible se me ha cruzado en este camino de fiestas y festejos. Y esa realidad tenía un nombre: Matilde.

Matilde era una mujer joven, vecina de mi municipio, Rivas Vaciamadrid, cuya vida ha sido cercenada por el filo de un cuchillo empuñado por quien decía amarla. Matilde murió cuando amanecía 2017 a manos de su pareja. Matilde es la primera víctima de la violencia machista del nuevo año.

¿Qué decir que ya no se haya dicho? La necesidad de proteger a las mujeres en riesgo; la obligación de la sociedad de colaborar en la denuncia; la voluntad de erradicar, educando, esta lacra que parece no tener fin.

Esta mañana pensaba en mis sobrinas, en mis nietas y en mi propia realidad. Mujeres que nos hemos educado, que nos estamos educando en familias en las que la igualdad es un hecho de derechos y deberes. Pensaba en mis hermanos, en mis hijos, en mi pareja. ¡Qué distinto a esos roles machistas que llevan a cabo acciones tan deleznables!

En verdad, mis queridos lectores, no era esta la entrada que quería escribir, pero valga estas pocas letras para poner un pequeño foco -nuevamente y por enésima vez- en esta situación que espeluzna por venir de quien se supone ama.

No conocía a Matilde, a pesar de ser vecinas: unca hablamos, nunca coincidimos. Pero hoy ella está en mi corazón, como en el de tantas personas de bien. Descanse en paz.

Sed felices.

domingo, 25 de diciembre de 2016

El sentido de la Navidad

Domingo y, además, Navidad.

Sé que muchos de vosotros, queridos lectores no celebráis estas Fiestas, ya sea porque no creéis en ellas o, simplemente, porque no están en vuestra cultura.
 
He de confesaros, por mi parte, que el conmemorar la noche pasada y el día de hoy no es tanto por considerarme cristiana, que lo soy (¡ojo!, no católica), como para encontrar una fecha en la que parecemos coincidir espiritualmente muchos de nosotros.


Ya he tenido la ocasión de contaros que en mi familia la tradición navideña está muy arraigada y siempre relacionada con momentos felices. Incluso la primera en la que no estuvo mi padre, que adoraba la Nochebuena, todos los hermanos la celebramos con más fuerza y en honor a él, como lo hizo él en honor de su madre.

Es cierto que van quedando huecos, pero también es verdad que se van supliendo por aquellos que llegan. En esta ocasión  mi nueva nieta, que hoy cumple su primera semana de vida, ocupó su lugar en brazos de sus padres. Y ha sido una felicidad inmensa.

Quiero y deseo creer que Martina, junto con Leyre, se sentarán  siendo dos mujeres también un día de Nochebuena y recordarán a su abuela Elena y lo que disfrutaba con los villancicos, con
cocinar ricos platos y amar con todas sus fuerzas la vida.

Para mí ese relevo en la felicidad es el verdadero sentido de la Navidad.

Sed felices.

lunes, 19 de diciembre de 2016

"No sé leer"

Volvía  a mi casa el pasado sábado toda contenta e ilusionada. Había estado declamando mis poemas en la inauguración de la exposición  en la galería ARA ARTE (absolutamente recomendable) y había tenido un gran éxito a la vista de los libros vendidos de Momentos de arena y hielo.

Como una no vive en la capital, el uso del transporte público se convierte en una excursión en la que tengo que hacer varios transbordos. En el último de ellos, una mujer joven, que por su acento y aspecto me pareció de etnia gitana y que empujaba un cochecito de niño,  me preguntó qué línea tenía que coger para llegar a una determinada estación. Yo le señalé el directorio, pero ella, con una espléndida sonrisa me contestó: "lo siento, princesa, pero no sé leer".

La casualidad hizo que yo llevara esa misma dirección y así se lo transmití, invitándola a que me acompañara. Durante todo el recorrido su afán por no perderme entre los pasajeros que pululaban por los pasillos era casi angustiosa. Por fin, llegamos a su destinos, el andén contrario al mío, y nos despedimos: "Adiós, princesa, que suerte encontrarla, dios la bendiga", me dijo, manteniendo su sonrisa.

El resto de mi periplo me sirvió para reflexionar sobre el tesoro que sigifica poder leer y escribir. Nos lamentamos de aquellos que no pueden ver físicamente, pero el no ser capaz de interpretar los símbolos que suponen las palabras, sus significados, nos colocan en una auténtica ceguera social.

Dice un refrán castellano que Dios da mocos a quien no tiene pañuelo. Que pena, mis queridos lectores, que no seamos conscientes de nuestra propia fortuna al haber podido acceder a una alfabetización y una educación; qué lástima el poco aprecio que le damos y cuanto lo desperdiciamos por falta de uso.

Por que es eso y no otra cosa lo que nos permite ser independientes y no perdernos por los pasillos infinitos de la ignorancia y de la manipulación. Es, en resumen, lo que nos permite ser libres.

Sed felices.



sábado, 10 de diciembre de 2016

Idiota, imbécil, estúpido: insultemos con propiedad

Somos una sociedad en  la que el insulto está a la orden del día. Bast con dar una vuelta por la redes sociales para comprobar con que facilidad protan las descalificaciones personales, así como las alusiones mal sonantes hacia los progenitores de aquellos que son el punto de mira. Mi teoría es que somos una sociedad cabreada persistentemente y que encontramos en ciertos lugares anónimos la parcela ideal para dar rienda suelta a nuestras frustraciones.

Al hilo de esto traigo a colación, mis queridos lectores, una referencia a un artículo que he leído acerca de tres insultos que aunque utilizamos como sinónimos no lo son y que me gustaría comentar con vosotros (al fin y al cabo enseñar al que no sabe no deja de ser una obra de caridad). Me refiero a idiota, imbécil y estúpido.

Idiota significa, así lo dicen los que saben de etimología,  ignorante. Parece ser que proviene del griego idiotes, que hacía referencia a aquel que ignoraba o era inexperto en algún campo. Este vocablo pasó al castellano a partir del siglo XII a través del francés.

Imbécil hacía referencia, en principio, al débil físicamente que necesitaba bastón (in baculi) para caminar. Luego por extensión pasó esa flojedad al espacio mental.

Para terminar, estúpido significa asombrado, estupefacto (se ve la misma raíz etimológica), alguien que se queda pasmado ante un hecho o una situción.

En fin, ya que somos una sociedad con el insulto fácil  por lo menos que lo sea  con propiedad y con cierto conocimiento de causa: se puede ser maleducado sin ser inculto ¿verdad?

(NOTA: este post ha sido escrito sin referencia alguna a persona o personaje. Cualquier relación con la realidad es mera coincidencia)


Sed felices.