domingo, 17 de septiembre de 2017

Corazones conectados

Hoy es de esos días en que el ingenio ha decidido tomarse, también, el domingo libre. De esos día en que por mucho que te estrujes el magín sabes que poco o nada interesante surgirá de él, a pesar de que debes cumplir con la cita, siempre agradable, de tus lectores.Puedes recurrir, eso  es socorrido, a describir más que a escribir.

Hablaros del aire fresco que entra por la ventana que, por fín, ahuyentó los calores que hemos sufrido este verano, aunque, por otra parte, sea esta la estación adecuada para sufrirlos. Contaros que las hojas de algunos árboles ya se están vistiendo de amarillo, tal y como mandas los cánones de ese otoño que ya llama a la puerta. Deciros del silencio que todavía viste la calle en esta mañana de festivo en la que la pereza es consentida y el aroma del café impregna la escalera de vecinos.

Pero todo esto lo conocéis. Al fin y al cabo nuestra vida no es tan distinta entre unos y otros. Nos ganaremos el pan de diferente manera, o habremos decidido que nos gusta más un modelo de coche que otro, pero la esencia suele ser la misma y las emociones que nos conmueven también. Nada, por tanto, es nuevo en lo que os acabo de contar. Porque, seguro, que frente a vuestra ventana habrá algún árbol que se empieza a matizar de dorados ;porque, seguro, hoy habéis permitido que las sábanas se os peguen un poco y habréis percibido el aroma del café recién hecho.

Y, sin embargo, aún siendo tan hermanos en las emociones cuánto nos cuesta entendernos a veces. Aprendemos demasiado pronto a cubrirnos con una corteza que nos aisle y nos nos deje entrever aquello que nos hace semejante: ojos que no ven, corazón que no siente.

Tal vez nuestra salvación sea dejar que el corazón sienta ( no el músculo cardiaco,
sino el lugar en  donde hacemos residir el amor), y  nos ayude a conectar con otros corazones que, aunque opinen de diferente manera, se mueven por las mismos sentimientos..

En fin, siento que mi aportación hoy a esta entrada del blog, mis queridos lectores, no esté a vuestra altura intelectual, pero ya dije al principio que a mi ingenio también se le han debido pegar las sábanas y solo he sido capaz de hilar estas parcas palabras.

Sed felices.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Cataluña y las estrategias de la manipulación

Atribuidas al filósofo y lingüista Noam Chomsky, aunque la autoría parece ser del francés Sylvain Timsit "las diez estrategias de manipulación mediática" reflejan como, a través e los medios de comunicación se pueden influir en la opinión de los ciudadanos hasta el límite de que se traguen ruedas de molino.

Lo hemos podido ver en ejemplos como la Venezuela de Maduro o en EEUU con Donald Trump.

Pero no hay que ir tan lejos para contemplar su puesta en funcionamiento. Basta con mirar lo que está sucediendo con el PP y la resolución de la crisis, o  en Cataluña y el independentismo.

Tomando este último ejemplo, que es el que más me inquieta, y a la vista de los últimos acontecimientos en el Parlament, la clara manipulación es más que manifiesta.Dejadme, queridos lectores, que sea más explícita y pormenorice cada una de estas estrategias en el entorno que señalo.

1- La estrategia de la distracción: desviar de los ciudadanos la atención de los problemas importantes. ¿Qué importa la corrupción durante más de veinte años, el famoso 3%, la malversación del erario público, la falta de gobierno? Lo fundamental es la "injusticia histórica" del estado opresor.

2- Crear el problema y luego la solución: "España nos roba", dicen los independentista, ergo la solución es la independencia. Cataluña para los catalanes.

3-La estrategia de la gradualidad: hay que ir sembrando, calentando, que el problema se vaya cociendo en su prpio jugo, para que cuando esté a punto, ¡zas! la solución, por muy peregrina que sea, no pueda ser otra.

4- La estrategia de diferir: la falta de la inmediatez hace que la ciudadanía vaya diluyendo las desventajas en favor de lo que pasa a considerarse inevitable.No hay otra solución que la que se plantea.

5-Dirigirse a los ciudadanos como si fueran niños: mensajes simples, sin ningún criterio, sin que haya una explicación pormenorizada, aludiendo incluso a razonamientos más propios de cuentos infantiles.En vez de convencer, sugestionar. En este caso, vender que las consecuencias de la independencia no traerá más que ventajas y ningún inconveniente para Cataluña.

6- Utilizar el aspecto emocional más que la reflexión: que permite injertar ideas rodeadas de toda la parafernalia de banderas, himnos, mártires y héroes, ilusiones y miedos.

7-Mantener a la ciudadanía en la ignorancia: cuanto menos información, más deformación. Y la información que llegue ha de ser sesgada, impregnada del mensaje que se quiere implantar en el subconsciente. En este caso TV3 y periódicos afines a la independencia están haciendo un buen trabajo.
Tampoco olvidemos la ceguera educativa a través de la cual se impide el conocimiento de la historia y la cultura de países y regiones que no interesan, pues abrirían demasiado los cauces de conocimiento.

8- Promover la mediocridad: no es un problema romper con lo establecido, aunque sea las reglas que nos hemos dado para la covivencia en aras de "la nueva manera de hacer política". En este punto baste con fijar nuestra mirada en la presidenta del Parlament o en algunos diputados y diputadas que ocupan la bancada, llegando a su cenit en Puigdemont.

9- Reforzar la autoculpabilidad de la ciudadanía: en el caso que nos ocupa hacerla responsable de una situación que no es sino fruto de una pésima gestión política, de una corrupción intolerable y de una posición absolutamente sacada de quicio.Pero es mucho más fácil pasar la pelota, en este caso llamada referendum.

10- Conocer a la ciudadanía mejor que ellos mismos: estudios de demoscopia, redes sociales, y demás medios dan hoy en día datos suficientes y claves como para poner en marcha cualquier tipo de comunicación manipulada.


En fin, mis queridos lectores, que lo arriba expuesto no nos es para nada desconocido. Cualquier régimen totalitario, incluso remóntándonos en el la Historia, ha hecho uso de estos recursos para su propio beneficio. Ante ello solo nos queda el recurso de conocer, cuestionar y decir libremente.

Sed felices.
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domingo, 3 de septiembre de 2017

Carta abierta a Carles Puigdemont

Me dirijo a usted, creo que debo utilizar el nombre de Muy honorable señor, en la seguridad de que mis palabras, escritas por una ciudadana del Estado"opresor" le resbalarán, y eso en el caso de que llegara a leerlas.

Pero como ambos creemos en la libertad de expresión , usted bastante mas sui generis que yo, me decido a dirigirle esta carta que puede hacerse extensiva a sus compañeros de partido y aliados en el  gobierno y en el Parlament.

Mi Muy honorable señor Puigdemont, vaya por delante que ustedes tienen todo el derecho a querer la independencia de Cataluña, faltaría más, e incluso a hacer apología pacífica de ese independentismo, pero lo que no es de recibo es que para defender su tesis mientan, manipulen y se salten a la torera la ley poniendo como excusa la propia legitimidad para hacerlo.Tienen el derecho a defender sus ideas, y la obligación de no mentir en las consecuencias.

No voy a caer en la tentación de referirme a los últimos acontecimientos, bárbaros e inhumanos, de los que únicamente son culpables unos criminal enloquecidos y envenenados por una doctrina cruel y asesina. Sería mezquino entrar a saco en que quizá se sabía de antemano por los Mossos que iba a suceder el atentado de la Rambla y no se  hizo caso.

Prefiero centrarme en la actitud y los hechos, o en la omisión de ellos, que usted y su gobierno llevan cometiendo desde que se constituyó el Parlament en esta última legislatura. En serio, ¿tienen tiempo para gobernar con tanto brindis al sol, un día tras de otro, amenazando con esa desconexión que a los únicos que perjudicará será a ustedes?¿O tal vez es que han creado una cortina de humo para tapar los casos de corrupción y ese humo los ha dejado ciegos?

Yo viajo a Barcelona muchas veces, y este verano he visitado la provincia de Girona. Me encanta la ciudad condal, en la que siempre me he sentido muy a gusto y nunca me han señalado por ser ciudadana de un estado opresor. En Girona vi muchas esteladas, es cierto, y están en su derecho. Tampoco me sentí discriminada, ni mucho menos, sino todo lo contrario. Tal vez la ciudadanía no considere al resto del país tan malévolo y ladrón como ustedes lo  pintan.

Esa tesis de que España roba a Cataluña no se sostiene. Hasta ahora los únicos que han robado a manos llenas han sido miembros de su propio partido (aunque lo hayan refundado mismo perro con distinto collar) y catalanes hasta las cachas, teniendo como cabecilla a aquel que ostentó durante tantos años el mismo título que usted: el Muy honorables señor Jordi Pujol. 

¿Sabe, mi Muy honorable, que la Comunidad que durante años ha tenido mayor deficit fiscal (cedía más que recibía) era Madrid? Y todavía los madrileños no hemos salido a la calle a decir que España nos roba porque hayamos colaborado en el reparto para aquellas regiones más desfavorecidas, y cuyos ciudadanos han hecho, reconózcalo mi Muy honorable señor, de Cataluña lo que es.Andaluces, extremeños, castellanos, aragoneses, emigrantes que con su trabajo convirtieron a la región catalana en una de las más prósperas. Es de justicia admitir esta afirmación.

Hace unos días la CUP colgó una estelada en el puente de Segovia de Madrid. Lo hicieron para demostrar que nada tenían contra el pueblo y que su reivindicación es contra el estado opresor. Supongo que debe ser incultura, porque el Estado no es una entelequia, sino el conjunto de toda la ciudadanía que sí se siente afectada cuando se insulta, se miente y se intenta convertir al resto de España en una suerte de vampiro chupador de sangre catalana.


Siempre es bueno fijarse en ciertos ejemplos, y yo les indicaría que volvieran los ojos hacia Gran Bretaña y el Brexit. Al igual que ustedes, los que apoyaban la salida de UE les vendieron a los ciudadanos británicos un mundo de colores, un cuento infantil en el que la bruja mala era Europa, y a las veinticuatro horas del referendum los arrepentidos se multiplicaron como setas.Ahora están metidos en un "jardín" que les puede costar hasta 60.000 millones de euros, intentado como sea alargar el proceso por si hay un milagro.El mayor defensor de la "desconexión" europea, Nigel Farage, ni está ni se le espera.

Si nos situamos en ese escenario ideal para usted y los suyos, y el día 2 de octubre han ganado el referendum (ilegal de todas, todas) ¿qué harán?Cerrarán aeropuertos, las autovías nacionales, los puertos, la frontera con la Junquera, para que no entremos ciudadanos de otros países. ¿Bajo qué legislación entrarán las mercancias que abastecerán los mercados?¿Cómo llegará el dinero de la administración central, después de esa desconexión? Y lo que puede ser "más" dramático: ¿en qué liga jugarán los equipos catalanes?

Sin duda, la separación de Cataluña sería algo absolutamente penoso para el resto de España, pero estoy segura que los casi 39.000.000 de españoles podríamos salir adelante sin los 7.000 millones de ciudadanos catalanes ( o quizá menos si descontamos aquellos que han declarado su voluntad de marcharse si gana el SI).Lo contrario, fuera de España y fuera de UE lo dudo mucho.

Termino, mi Muy honorable señor, como empecé: defiendan sus ideas, pero no mientan, no tergiverse una realidad que no existe. Mediten sobre lo que están recogiendo, como esa triste inauguración de la "embajada" en Dinamarca a la que nadie acudió (por cierto, supongo que pagado con pecunio público catalán). O la poca respuesta internacional que tiene su propuesta.

Están solos, mi Muy honorable señor Puigdemont, muy solos.

Sed felices.

(Imagen: El Confidencial)

lunes, 28 de agosto de 2017

Crónica del verano III: el regreso

Tal vez sea consecuencia de mi cuarto de siglo dedicada profesionalmente a la enseñanza, pero la vuelta del verano tiene para mí un significado especial, más ligado al término del año que de una simple estación.

Ante mí, cuanro era profesora,  se habría la incógnita del nuevo curso, con nuevos alumnos también y el encuentro con los ya conocidos,  y la sensación de un  volver a empezar siempre. Aunque ya hace seis años que abandoné las aulas ( aún sigo echándolas de menos) sigo teniendo esa impresión y la afronto con la ilusión de la novedad y la sorpresa.Por otra parte he sido una persona muy afortunada. Me encantaba ( y me encanta) mi trabajo por lo que nunca he me ha resultado costosa la vuelta al día a día, que no a la rutina contemplada como monotonía.

En unos días empezaremos escuchar de nuevo hablar del famoso "síndrome postvacacional". Nos darán instrucciones para hacerlo lo más llevadero posible, sin que se nos venga el mundo encima. Así mismo abundarán los consejos para los que los mas pequeños regresen al colegio sin traumas. Sinceramente, mis queridos lectores, no sé si será que me hago mayor, pero hay ocasiones que me parecen ciertas situaciones bastante esperpénticas, fruto de habernos convertido en esta sociedad en más papista que el papa..

No recuerdo que nadie me instruyera al volver al colegio, más allá de que me aplicara en los estudios y cuidara el material y los libros nuevos. Y no me sentí jamás frustrada. Me gustaba encontrarme con los compañeros y todo lo que comportaba el nuevo curso.

Tampoco de adulta, a mis propios hijos, les he mostrado de manera especial esa situación. Soy de las que pienso que cuanto más natural sea nuestra manera de abordar los cambios menos traumática (si es que son suceptibles de ello) serán.

En fín, como no soy mujer de dar consejos, simplemente os deseo un tiempo lleno de felicidad y logros profesional y personalmente.¡Buen regreso!

Sed felices.

(c) Foto: Elena Muñoz

sábado, 19 de agosto de 2017

Yo sí tuve miedo

Tras el atentado terrorista del pasado 17 de agosto en Barcelona he de confesar de que tuve miedo. Como lo tuve después del de el 11S o el 11M. El miedo es un sistema de defensa natural ante un peligro real, como lo es la amenaza constante de ISIS.

Sentí miedo al ver las imágenes tan terribles, y también horas después sentada con mi familia en una terraza de un concurrido paseo en la localidad costera en la que veraneo, al pensar lo fácil que es matar de esa manera. Sí tuve miedo. Otra cosa es que ese miedo me haga renunciar a mis principios, a mis creencias y a mi manera de vivir.

Desde la incomprensión absoluta hacia quienes son capaces de arrebatar a personas desconocidas, inocentes la vida de esa manera tan inmisericorde, intento encontrar un freno a la visceralidad que desde la tripas me empuja a señalar y medir a todos por el mismo rasero, y vivir con temor.

Porque no nos engañemos. Esto no es un problema de religión, ni de creencias en Alá, Buda o Jesucristo. Es una cuestión que ha de encontrar la solución en la política y en la búsqueda real de las raíces de esa planta malsana que es el integrismo islámico. Desde los tiempos inmemoriales la política ha utilizado la religión como martillo (sin ir más lejos la Inquisición nace con ese propósito) para que en nombre de Dios alejar todo aquello que bajo el tinte de progresía y democracía permita la libertad de los seres humanos. Creer en una recompensa en el Más allá ha justuficado siempre las mayores atrocidades en el Más acá.

Seguramente hará falta más control policial, no lo pongo en duda. Tal vez un sistema en el que se pueda determinar de alguna manera quién alquila cierto tipo de vehículos, quién alquila ciertas viviendas. Quizá ser más conscientes de que no es intolerancia ni tampoco xenofobia poner más el foco en ciertos colectivos que pueden ser germen del terrorismo.
Pero sobre todo valentía para que esta gentuza no cumplan su objetivo, aunque de vez en cuando sintamos miedo.

Mi abrazo fraterno a todas las familias que sufren hoy, a la ciudad de Barcelona y  a todos lo que, como yo, creemos en la justicia y la libertad.

Sed felices.

sábado, 12 de agosto de 2017

Crónica del verano II: el tiempo

No cabe duda de que la previsión del tiempo es un hecho de interés nacional. Baste con echar un vistazo a los bloques que sobre este tema emiten los distintos noticieros en las diferentes cadenas. Algunos, como el de la 1, si lo sigues es posible que te convaliden un master en climatología.

Aprendemos todos los días de situaciones que antes ni nos inquietaban, más allá de saber que en el verano el buen tiempo lo debíamos a esa gran "A" metida en círculo que llamamos anticiclón de las Azores. Así mismo conocíamos que la "B" era, indefectiblemente, lluvia.

Ahora, gracias a esta pedagogía televisiva, que dura casi veinte minutos,  conocemos que lo que antes llamábamos una tormenta de pelotas se llama ciclogénesis expansiva. Sabemos que según los modelos las olas de calor se dan cuando el anticiclón reina sobre la península y un embolsamiento de bajas presiones sobre el norte de África envía aire del desierto.Y cómo ignorar que cuanto más apretadas son las isobaras (líneas) de una borrasaca mayor es su efecto.

Los metereólogos son capaces de prever con bastantes días de antelación el tiempo que va a hacer, aunque en ocasiones sean más o menos exhaustivos según los intereses sobre todo de las zonas hoteleras. Eso no quita que los que somos asiduos de alguna de esas poblaciones no sepamos que indefectiblemente se repiten ciertos fenómenos, como son las tormentas en verano en Levante.

En mi primera novela la protagonista reflexiona acerca de que no ha visto tormentas como las de esta zona, la de Levante, y así es desde siempre. La que vivimos hace unos días no ha tenido nada de extraordinario, a pesar de las noticias tan alarmantes que aparecían una y otra vez. El móvil se me llenó de mensajes de familiares preocupadísimos por si habíamos sido engullidos por el mar, cosa que no ocurrió, a la vista está. Cierto que se anegaron las calles, las alcantarillas no daban de sí (sobre todo por la falta de limpieza) y el mar vomitó gran cantidad de algas, como en tantas ocasiones anteriores (la primera gota fría que recuerdo la viví en Peñíscola con siete años). Nada que no hubiéramos visto antes por la suma de días de ardoroso calor sumado a la entrada de aire frío.

Pero, y eso ya lo he dicho otras veces, somos muy dados a considerar extraordinario aquello que no lo es tanto. Ayer, dos días después de la "tormenta increíble" la playa estaba llena de gente que evitábamos los bloques de algas en nuestro paseo y volvíamos a disfrutar del mar y el sol además de una bajada de temperaturas muy agradable.

Creo que no es mala cosa tirar del refranero y poner al mal tiempo buena cara. Al fin y al cabo, a la lluvia o a las olas del calor les importa un pepino nuestra opinión, por mucha información que nos den machaconamente.


Sed felices.

 (Foto: Paco Márquez)


jueves, 3 de agosto de 2017

Crónica del verano I: Españolidad

Los que me conocen saben que no soy muy de reivindicar mi origen, aunque en absoluto reniego de él, por supuesto. Soy española y me gusta serlo, con todo lo que ello conlleva. Sin embargo no siento esa españolidad ante el extranjero, ni el que viene por turismo, ni el que viene por necesidad...

Bueno, miento, no la sentía hasta hace dos días en que tuve un enfrentamento territorial con una hija de la Gran Bretaña.

El lugar en donde veraneo no tiene, como sucede en otros lugares de Levante, problema de espacio en las playas. Quien conoce Denia sabe que es muy difícil ver tres líneas de sombrillas ni siquiera en agosto. Pues bien, el martes llegamos, como hacemos siempre y colocamos las sillas y la sombrilla. Era temprano, las diez y media más o menos, y apenas había gente.  Después dimos un paseo por la orilla.

Al regresar, cuál será mi sorpresa, tenía una tumbona que más parecía una camilla de fisioterapéuta pegada a nuestras sillas literalmente y rodeada de bolsas, cubitos y palas. Flipé en colores, sobre todo porque a ambos lados había espacio como para correr los cien metros lisos.

En principio pensé en pasar y jorobarme, y así habría sido si no hubiera entrado al trapo la dueña de semejante campamento. Me increpó en inglés y yo la contesté en dicho idioma, en un alarde de vocabulario que ni yo misma me creía capaz. Una pareja de chicas españolas se unieron a mi queja apoyándome con gestos de lo más evidentes.

Tras una serie de tiras y aflojas la susudicha hija de la péfida Albión optó por la retirada, verbal, que no física, después de mentir como una bellaca diciéndome que ella había llegado antes. ¡Lier! la lancé como un escupitajo...

En ese momento si me salió el ardor patrio. Creo que por un momento me hubiera gustado ver surcar la Gran Armada frente a mí. Y os aseguro que estuve a un instante de gritar: ¡Gibraltar español!

Sed felices.